jueves, 17 de marzo de 2011

EL ESTADO DEL MALESTAR

Llevo dos días leyendo este libro: EL ESTADO DEL MALESTAR, Capitalismo tecnológico y poder sentimental, Península, 2011En contraposición al estado del bienestar, el título me parece muy sugerente porque realmente en estos momentos de crisis y pérdida de muchos valores nos sentimos un poco (o mucho) molestos con todo lo que nos rodea. Me molesta no solo la pérdida de referentes, sino algo tan sencillo como la gente que no se lava, porque desde que no se puede fumar en los bares, se nota más su olor a sudor. Y sin embargo el otro día lo hablaba con mi amigo C, ¡qué gran ahorro de agua sería! Son las contradicciones del propio sistema. 

Raúl Eguizábal su escritor, es profesor de Teoría e Historia de la Publicidad en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, donde estudié, aunque no me llegó a dar clase. Raúl Eguizábal, por supuesto como su nombre indica, es de descendencia vasca, no como yo que soy de descendencia dickensiana, aunque poco tenga que ver con el gran Dickens. Pueden teclear su nombre en google e informase de su trayectoria académica. 

Aunque parece un dato baladí, no lo es tanto, pues por medio vasco y por profesor su mirada hacia el mundo que le rodea es crítica y rica en perspectivas. Eso hace que su último libro sea ameno, ágil de leer, académico y muy informativo. Realmente es uno de esos libros que enganchan lo suficiente como para preferir su lectura antes que pasar un rato con alguien, por muy amigo que sea, hablando sobre el sexo de las plantas. Varios capítulos han llamado especialmente mi atención, puesto que llevo meses cuestionándome esto: ¿El capitalismo está dando los últimos coletazos? ¿Está mutando en algo diferente? El señor Eguizábal responde con suma maestría y claridad a mis preguntas. Entresaco algunos de sus párrafos, dando las gracias al autor y al editor de antemano, para que comprendan de lo que estoy hablando: 

A partir de las décadas de 1950 y 1960 se instaló un período de bonanza económica y progreso técnico, aunque también de una sociedad basada en el consumo y el crédito, dominada por los antivalores del gasto dispendioso, del individualismo, del culto a los objetos, del narcisismo y el egocentrismo, del fin de las utopías. Ahora, con el cambio de milenio, la nueva gran depresión y la amenaza del orden tecnológico nos parece que estamos perdiendo algo; pero ese 'algo' es, no conviene alejarse demasiado de esa certeza, el mundo basura de la comida rápida, la especulación económica, la corrupción política, la pornografía emocional y la falsificación de los sentimientos. Bajo la apariencia de un mundo más seguro estábamos dando forma a uno cada vez más frágil y complejo; más frágil por cuanto más complejo. (...) 
La Gran Crisis abre un enorme campo de incertidumbres y de posibilidades, pero no parece que entre ellas se vislumbre la desaparición del capitalismo, sino la transformación del capitalismo de consumo en un nuevo estado: el capitalismo tecnológico. Esta nueva forma de capitalismo no se basaría en la posesión de mercancías, sino en el control de la información, el carácter virtual de los escenario y el mercado de intangibles.

Me gusta subrayar aquellas frases que expresan un pensamiento y que hablan de grandes verdades. Preguntas que me hago, y seguro que muchos os hacéis, nos hacemos cuando le dedicamos unos minutos a la problemática del sistema que nos rodea. Si el título es sugerente no lo es menos el subtítulo. Los libros de ensayo es lo que tienen, que deben ser precisos, claros, titulares del contenido casi informativo que contienen. Es donde menos se debe notar que están tratando de vendernos un libro, sino un pensamiento, algo intangible. No pasa lo mismo con la novela o la poesía. En el ensayo eruditos o entendidos en una materia nos explican cómo nació el autogiro o el estado o la teoría de cuerdas. Los buenos académicos sacan su libreta (hoy electrónica, o no) para apuntar datos sobre un artículo que acaban de leer, reflexiones sobre planteamientos de sus propios alumnos que les dan la perspectiva juvenil y otros eruditos de la materia, anteriores o contemporáneos.  Sigo añadiendo algunas frases de este libro que tengo entre manos, EL ESTADO DEL MALESTAR, porque creo que nos sirve para contextualizar el momento que vivimos:

Si el peligro tecnológico es la potenciación de las técnicas de vigilancia y control social, no hay más que pensar que no hubo en Europa un escenario más rigurosamente vigilado que en los tiempos de Hitler y Stalin. El giro ahora no sería, entonces, que la ideología se apoye en el desarrollo tecnológico ("comunismo es socialismo más electricidad", decía el lema revolucionario), sino  que la tecnología se convierta en una ideología, en la ideología dominante, es decir, que todas las formas y todas las relaciones estén sometidas al nuevo orden tecnológico.

No me cabe ninguna duda de que el señor Eguizábal ve con una claridad pasmosa, o por lo menos lo define, el resultado natural de las cosas que vivimos, crisis mediante, analizando todos los factores que nos han llevado a ella. Es ciertamente un estado de malestar que sentimos, que llevamos años sintiendo, quizás desde el 2008 e incluso antes. Por supuesto he subrayado muchas más frases, pues uno debe aprender de los buenos textos, pero no puedo o no debo, más por respeto al autor, poner muchas más frases. Alguna más aparecerán en próximas entradas del blog, cuando termine de leerlo. Pero tiene capítulos especialmente notables. Agradezco a este profesor que no tuve, pero que sí tuvieron algunos de mis compañeros, y me consta que es un magnífico teórico, su gran trabajo. Investigaré en otras de sus obras, aparte de su texto HISTORIA DE LA PUBLICIDAD, Eresma & Celeste, 1998, que no tuve más remedio que visitar durante mis años universitarios, aunque en aquella época me interesaba más desmelenarme en las pistas de baile que leer libros sobre historia. Mi cabello rojo siempre ha sido un objeto de culto, hipnótico, que muchos han venerado en la noche. Con los años el color se está apagando y ahora ya nadie lo mira, o por lo menos eso es lo que siento. Ya, por suerte, no soy un objeto de consumo; no me preocupa en absoluto: hay otras partes que también tienen pelo. Ahora solo me encierro frente a la máquina del placer: una pantalla de ordenador con conexión a internet, el espejo mágico donde todo es posible, aunque lo más posible es que todo sea mentira. Buenas noches a todos los que compartimos la tecnodemocracía de nuestros días. Nos deseo toda la suerte posible, y aun y así, será poca. 

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